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Poemas / Roxana Paez Imprimir E-Mail
Estación de trabajo

Alguien había dicho : aquí hay demasiado extranjero. Extranjera también.
Volví aquí después de cada alejamiento, ese aspecto gato, sin brújula y sin acordarme del trayecto ni del camino, ahí donde mi mesa se levantaba, como un deseo realizado y portátil:
apoyada sobre una fachada, alguien había dejado una superficie vítrea color agua volcánica. En un sótano encontré dos caballetes, ex árboles que habían crecido al borde de un lago al pie de un volcán.

¡Aquí está mi mesa de trabajo !

…………………………………………………………………………………

…………………………………………………………………………………

... Déplaçons sans cesse notre table sur terre pour comprendre où et comment nous avançons : c’est ainsi que la pensée va —solitaire et splendide— s’effondre de syllabe en syllabe.

Ici
s’opère publiquement et en langues visibles le retournement du sens commun : en aucun lieu au monde, nous ne viendrons autant désadhérer.
Novarina

 

Naturaleza y voluntad

El cosmopolitismo,
un equilibrio frágil,
una fauna
sin precedentes
apresada en el ámbar de un barrio:
coleópteros, lepidópteros,
dípteros, himenópteros:
es decir, escarabajos y mariposas,
moscas y abejas
en la cima del parque.
Si no fecundaran las flores,
¿qué pasaría con las viejas civilizaciones?
Los escarabajos viven asociados
a las flores, alimentándose de polen
y de néctar como dioses.
Y quedan prendados de la misma
y a veces la destruyen torpemente.
Las mariposas no pueden fecundar
demasiado, tan poco dura la vida.
Moscas, habitantes solitarios
de las flores, bebedores de néctar.
Ocupan vientres, parasitan y copian.
Se disfrazan de abejas y de avispas.
Pero las avispas y las abejas son
las que visitan más cantidad de flores

los más importantes agentes polinizadores.
Es raro, abejas y flores
fue lo que vi fijados para siempre
volviéndose nebulosa de polen,
humo de partículas
en las telas viejas
de Odilon Redon, traídas de
todas partes.
La luz estuvo descompuesta
después de los negros, después
del ojo globo, de la araña sonriente,
la nieta de
la madre
 de Louise Bourgeois,
del príncipe del bosque,
antes de la célula de oro,
antes de todas las células donde la vida
diferente que albergamos
podría llegar a prosperar,
con cuidado, voluntad y dedicación.

 

Anábasis

La frecuentación de los baños y duchas públicos
es un indicador de la miseria del mundo dijeron
Dector y Dupuy.

En Kabul circula la guía
de todos los baños de París.

Iban en merma. Incluso la década pasada
entraste dos veces: gente que los había
comprado para vivir dentro, cerca de la plaza
de Clichy, especie de mansión oscura.
Y los otros convertidos en una discoteca.

El hombre en overol azul con vivos rojos
escribe con tiza en un pizarrón diminuto
la hora de entrada. Puede quedarse
veinte minutos y si no molesta ni vocifera,
cantar, sí, bajo la ducha.

Aunque no tenga con qué jabonarse
ni secarse. Van ligadas las duchas al gimnasio,
a la ex casa de obreros. Edith Piaf cantó
aquí mismo. Y son gratuitas desde el año 2000.
En lugar de desaparecer
la frecuentación se triplicó.

El paseo de Dector y Dupuy se llama El sueño
tumultuoso. Son casi las tres y el otoño
es bastante cálido todavía después de medianoche.

Se detienen sobre la boca enrejada por donde
salen vientos subterráneos como de la caja de Pandora.
Dector o tal vez Dupuy levantan vasos de plástico
entre la basura de la calle, los ponen sobre la reja
para que floten, subidos por el aliento del metro.

A la calle por el mismo bulevar, nos muestran
la tapa giratoria de las cloacas
que un trabajador cerró mal a sabiendas
para que no coincida más con la senda peatonal.
¿O fuimos los peatones

los que cruzamos tantas veces y
la hicimos girar? Leen las calles como poetas.
Concepto muy estigmatizado.
Escribir poesía significa ser gitano.

Dupuy o tal vez Dector cuentan que en ese boliche
de la Luna (muy arriba, después de la calle
de las Cascadas) un hombre contaba por qué
amaba su barrio. Aquí sigue vivo
el espíritu de la Comuna. Sigue. Cuando fuera
ha desparecido.

La última barricada fue muy cerca,
en la calle de Ramona.
Y la próxima dónde será.
La Plaza de la República está sumergida en la niebla.
Niebla importada de Londres por una japonesa.
No te veo. Nos perdemos de vista unos minutos.

Enfrente una familia de gitanos improvisó
su campamento después de la última razzia.
Volvimos a ver sus enseres dentro
de una cabina telefónica. La popularidad
del ministro del interior crece.

Acusados de nomadismo y rapiña, de acumular
basura, de no ir a la escuela y no dormir en casas
casi nadie defiende su suerte
más bien, se argumenta por arrancar de cuajo
cualquier radicación.

Yuyos, mauvaises herbes.

 

Vamos subiendo para escuchar.

La composición para un parque público de Hassan
Khan. Verdaderamente las plantas son instalaciones
de jardineros artistas con esos plumines con desprendimientos
de diamantes o rocío junto a tumultos de arbustos
rojos y frenesíes verdes saliendo de la tierra como chorros.

Esos senderitos como avenidas dejados para las hormigas
y los sonidos encubiertos salidos de bafles entre las matas.
Las bolas ámbar y rojo de los faroles. Todo el parque
como un hermoso sueño donde una vez viniste a
tocar la guitarra.

 

Un segmento

Bajó por la rue Vilin.
Bajaste. La calle
apenas existe.

Un resto de trayecto
escondido

frente a tu casa.

Arriba,
la peluquería para damas
de la mamá de Perec sigue
invisible.

Como las casas de las madres
que los hijos no conocieron.

Bajaste la calle invisible
bajo la locura de colores
del maestro Joubert.

Nubes al ras de la tierra,
salen del suelo.

Plumines violetas,
uñas fucsias, lágrimas de alegría
amarilla y todos los yuyos libres
salvados de la muerte
por el maestro que desciende
directo de Perec.

Es todo lo contrario de la peluquería.
Un despeinado tumultuoso. No sólo
venció los racismos vegetales,
mezcló las semillas de élite y dejó
que se desarrollaran las voluntades
de la gratuidad silvestre.

La combinación aleatoria no deja
que se admire sólo la parte cultivada,
ahora se mezclan de tal manera!

Como todos los edificios sociales
incrustados al este denotando su carácter
con la más absoluta inexistencia del adorno.

Mientras al oeste la vecindad se levanta
contra toda intromisión heterogénea,
aquí hasta el jardín obra del compositor
y poeta parece un manifiesto.

Su estilo exacerbado y barroco fue más
lejos la nueva temporada. Tampoco quiso

aislar lo intocable, para que se admire.
Los senderos entre las selvas diminutas
bajas de copas/corolas casi enmarañadas
entre sí de lo cultivado y lo salvaje, fue mezclado
con la gente, a través de senderitos para la lectura,
el ensueño, la contemplación, donde sólo una persona
o dos pueden sentadas o acostadas, aislarse mientras
oyen las voces y zumbidos y aleteos y perciben
entre los «ramajes» de tallos la existencia
del otro, no invasiva ni exhibida, sino por partículas
percibida y embellecida
por la calidad de los reinos así combinados por
el miniaturista que nos salva.



 
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