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César Silva Márquez / boulevard Imprimir E-Mail
ahí van en sus autos las muchachas

unas cantan otras se maquillan
buscan algo buscan
y lo perdido siempre es la misma cosa
¿qué es lo que cantan ?
¿hacia dónde van sus prisas ?
mientras el sol pica y rompe el cielo
abril sucumbe a lo necio de un calor que raspa
que arremete y muerde asfalto
que atraviesa y carcome pieles
en el retrovisor del auto de las muchachas
mi nombre y el mundo entero
empequeñecen

 

hotel lois

el puerto era una flor cortada
en nuestras manos
J. C. Becerra

salgo a la noche y entro en la playa
las arenas reciben mis pies
el fresco viento arrastra
olas, hambre
y voces
sobre todo la voz que acaricia
la moneda que es el mar

aquí estuve en 1993
el hotel lois era azul y la ciudad
se construía alrededor

la vida era una pelea constante
pero entonces qué es la vida
cuando con cerveza
cruzas la mitad del país en auto:
a media mañana te despides
del pacífico
y una noche después
el golfo de méxico pesa como una perla en tu mano

no te percatas
de que este puerto es tuyo
una flor como dijo el poeta
una puerta que cierra
para que el sol caliente los huesos
y el aire nos despeine
y enumere olas y pájaros
y el brillo en el ojo de la cerveza

en el bar del lois el arpa desgaja notas
parte en dos la música
y la fiesta es el anzuelo
que atrapa una flor de barcos

tampoco sabía que mis amigos
se destrozarían poco a poco
yo que viví el naufragio dulce de la fiesta
cómo iba a saberlo
si las ciudades se arremolinaban
en el licor
y la vida era libros
que pensaba escribir

el júbilo estaba a mis pies
y la pasajera edad
tomaba el sol a sus anchas

en 1993 tenía 19 años
ahora el lois esplendoroso me llama

el bar abre tantas cervezas para recibirme

 

sherwood anderson en la ventana

escucho sobre sherwood anderson
y busco sus libros

s. a. fue un novelista
que exploraba la frustración de la vida
en los pequeños pueblos del medio oeste
/de estados unidos

chinaski habló de su muerte
toda la vida
y le dedicó un par de largos poemas
sherwood anderson
tenía nombre de máquina de escribir
sherwood anderson eléctrica
de armazón azul cobalto y cinta entintada bicolor, por así decirlo

s. a. nos dejó el cuento
de un viejo escritor de bigote blanco
y un carpintero de bigote oscuro
que platican mientras
el tren corta al pueblo en dos
y la vida es apenas dos páginas
y un diálogo de brazos cruzados

ahora, justo frente a mí, un roble es lamido
por los aires violentos de marzo
y lejos, en áfrica
las cabras viven arriba de los árboles
como todas las cabras

s. a. murió hace tiempo

su cuento termina con los brazos cruzados
de un hombre de hambre y nervios que suspira
mientras el tren comienza la marcha
y la última palabra escrita es
partir

 

aire y bar

la cabeza sería señor cabeza
El inquilino

 

es viernes y entre el mercado y los perros
el aire me define
he perdido mis ojos la rodilla y la frente
por el aire de este invierno desconocido
tibio como una primavera tibia
tan claro como un santiago de chile que no conozco
tan amplio que si me quitaran los brazos serían señores                                                                                                                                        [brazos
si me dieran un beso y me desprendieran la cabeza
sería señor cabeza

en la caja de la esquina hay
un boleto para salir al frío donde
una barbacoa nos congrega
es viernes y en medio hay
piedras azules y hombros
risa y licor donde la cosa
se desmorona
lumen a lumen trago a trago

el aire enfría
mueve espectaculares
y arrastra
carritos de mandado
y cobijas
la tarde da la unción
y su espesura
que sería señor espesura
se instala en los verdes verdaderos
en la pizzería del viejo italiano
en un santiago que no conozco
pero en las calles su aroma
y señalamientos se estacionan

nada la tarde
y en su vientre el sol se despostilla
en los bellos paréntesis tiernos
divinos
diminutos
donde la mujer
es una estrella ombligo arriba



 
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