A propósito de la clausura de la instalación no alcohol, no mota, no droga, de Édgar Cobián y Cr

A propósito de la clausura de la instalación no alcohol, no mota, no droga, de Édgar Cobián y Cristian Franco (curaduría de Elizabeth Calzado) / Xitlalitl Rodríguez Mendoza

Al fin estos tales profetas, para tales adiuinanças vsan del ololiuhqui
      o del peyote, en la forma que queda dicha: luego dicen que se les aparese
      un viejo venerable que les dice que es el ololiuhqui o el peyote,
      y que viene a su llamado para ayudarles en lo que vbieren menester;
      luego preguntado por el hurto o por la mujer ausente,
       responde donde y como la hallaran.
      Tratado de las supersticiones y costumbres gentilicias que hoy viven entre los indios naturales de esta Nueva España,
      Hernando Ruiz de Alarcón, escrito en 1629

 
     
«What kind of animal do you think it was, dona Luz?»,
      I asked a middle-aged woman. «Only God knows that for sure,
      but I think it was not a coyote.
      There are things that appear to be coyotes, but are not.
      Was the coyote running, or was it eating?»
      The Teachings of don Juan, Carlos Castaneda

 

aquí no hay sombra, ni desierto, sólo la sal que mana de las puertas rotas, cueva saqueada, vísceras fuera de sí, un día cualquiera en este trozo de ciudad donde no huellas, donde lago, donde cuerpos de agua sosteniendo, cuerpos viendo al fondo, al vacío, al lodo inmenso bajo lobos, donde salvia en las astillas, no cactáceas como postes, donde almíbar del ruido se riega por el muro y entume. nunca tumba sino raite. espacio donde no tiempo, donde el pasado como esponja se expande y se dobla como boleto de camión. nostalgia, esa idea vagamente masculina del regreso. abrir la llave de luz una noche, tres jaloncitos de dmt para conjurar alguna que otra palabra sirven más que separar centavos de una alcancía con máscara de cerdo. o tal vez, una gota de esa que Fernando Benítez llama en femenino, la lsd, así como habla de las tunas que son pitayas en tanto que rojas y dulcísimas, en tanto que apedreadas bajo la lava oscura de los hombres. los cables de luz muerden. lo natural es el cemento y un campo floreciente de picafresas. una persiana se infla, amarilla y curva en esta estepa de cuatro paredes. algunos estribillos brillan en los estoperoles de la carne. en los ochenta lo llamaron borrarse, borrarse el nombre hasta voltearse la lengua y despoblarse de sí. ahora, lo llamamos dispositivo, interferencia, saturación. escritura terapéutica lejos de la patria postrada, ese trapo, hondura tonal de la lengua madre, imposiciones y conjuras sobre otros, reapropiación y despojo, ciencia, arte, camarones de oro que pendieron de collares. alguien me contó una vez que fueron a comer hongos y se les apareció un ahorcado. la historia es ya demasiado verosímil como para ser verdad. no me gusta imaginar terrores ajenos porque son más ajenos cuando crecen en mí y permanecen calcificándome el sueño. ¿qué era entonces, doña Luz? si no fue un coyote. bueno, responde, un diablero. un perro sin nombre a quien no se le reza. para ahuyentarlo digamos una palabra sobre otra y así hasta vencer la noche y el fuego de la noche y la cumbre azul que asola el fuego de la noche en la memoria, otra vez. la mejor enseñanza de don Juan es volver a la escuela, titularte, cobrar regalías y escribir en inglés, eso, sobre todo eso, quitar la virgulilla de la eñe. la mejor enseñanza de don Juan es saber que aquí no hay sombra ni desierto más allá de alguna cuija que escapó del gato, ese órgano lumínico derramado sobre todo, y que además canta.